♬♩ CIИΞ У MúSICД ♪♫ 🎶 El Tango y el Cine: Un diálogo eterno

El 11 de diciembre, Día Nacional del Tango en Argentina, es una fecha que invita a mirar hacia atrás y reconocer cómo esta música y danza, nacida en los arrabales de Buenos Aires, se convirtió en un símbolo nacional y universal.

El Vínculo entre el Tango y el Cine
El 11 de diciembre, Día Nacional del Tango en Argentina, nos invita a reflexionar sobre la rica historia y la profunda conexión entre el tango y el cine. Desde sus inicios, el tango ha sido un componente esencial de la cultura argentina, y su relación con el cine ha sido igualmente significativa, marcando un hito en la evolución de ambas expresiones artísticas.

Los Inicios del Tango y el Cine en Argentina
Entre sus múltiples caminos de expansión, el cine fue quizás el más decisivo: le dio imagen, narrativa y proyección internacional, transformando al tango en un puente entre lo local y lo global.

El tango emergió a finales del siglo XIX en los barrios de Buenos Aires, fusionando influencias africanas, europeas y criollas. A medida que esta danza y música ganaron popularidad, muchos de sus intérpretes comenzaron a ser conocidos a través de la radio, donde sus voces resonaban en los hogares argentinos. Con la llegada del cine sonoro en la década de 1930, el tango encontró un nuevo medio para expandir su alcance y popularidad.
El Tango en el Cine
De la radio a la pantalla
Primero conquistó la radio, que convirtió a sus intérpretes en ídolos populares. Pero fue el cine sonoro el que lo llevó a otra dimensión.
Antes del cine, el tango se difundía principalmente a través de la radio, que convirtió a sus intérpretes en ídolos nacionales. El cine permitió que esos mismos artistas fueran vistos en persona, ampliando su alcance y consolidando su fama. El tango en el cine no era solo música incidental; se integraba en la narrativa, en los diálogos y en la construcción de personajes, convirtiéndose en un símbolo de identidad nacional.
El tango en el cine mudo arg entino
Arrabal hecho memoria
El tango y el cine argentino nacieron juntos, como dos espejos de la vida porteña. En las primeras décadas del siglo XX, mientras Buenos Aires se llenaba de inmigrantes y el arrabal se volvía escenario de tensiones sociales, el cine encontró en el tango su pulso narrativo: personajes, ambientes y emociones que daban voz —aunque aún sin sonido— a la ciudad.
En las salas, la música se interpretaba en vivo. En la pantalla, los títulos evocaban tangos, los gestos reproducían sus letras y los personajes eran los mismos que habitaban las milongas: el guapo, la milonguita, el cantor, la madre sacrificada. El tango estaba allí, aunque no se escuchara.
Los pioneros del mito

Figuras como Florencio Parravicini y el director José Agustín Ferreyra marcaron esta etapa. Ferreyra, pionero del cine nacional, supo capturar el alma del barrio y sus tragedias con películas como La muchacha del arrabal (1922) y Mi último tango (1925). Su cine era melodrama y realismo, pero también tango: un diálogo constante entre música y pantalla.
Películas icónicas
- Flor de Durazno (1917): Gardel y Corsini en su primera aparición fílmica, aún sin cantar, anticipando el mito sonoro.
- La muchacha del arrabal (1922): retrato de conventillos y sainetes criollos.
- Buenos Aires, ciudad de ensueño (1922) y : Ferreyra buscando la esencia urbana del tango.
- Mi último tango (1925): melancolía porteña hecha imagen.
- Melenita de oro (1925) y Muchachita de Chiclana (1926): tensiones de amor, pobreza y destino.
- Perdón, viejita (1927): conexión directa con la cultura popular y el sainete.
Cada una de estas películas, aunque muda, estaba impregnada de tango: títulos que parecían canciones, escenas de baile acompañadas en vivo, personajes que el público reconocía como propios.
Rasgos de época
- Conexión con el sainete: historias populares que ya habían retratado el arrabal.
- Mitología porteña: conventillos, guapos, milonguitas y tragedias barriales como núcleo narrativo.
- Antes del sonido: los actores no cantaban en pantalla, pero la música era central, esperando la explosión que llegaría con el cine sonoro.
El cine mudo de tango fue más que un preludio: fue el laboratorio donde se gestó la estética, los mitos y las emociones que luego catapultarían al género con la llegada del sonido. Allí se sembró la memoria visual del tango, un lenguaje narrativo que trascendía la música y que convirtió al arrabal en mito eterno.
La llegada del sonoro y la explosión del género (década de 1930)
Un hito fundamental en esta conexión fue el estreno de la primera película sonora argentina, «¡Tango!» La verdadera explosión del tango en el cine argentino ocurrió con la llegada del sonido, que permitió incorporar directamente música y letras en la cinta.
Estrenada en 1933 bajo la dirección de Luis José Moglia Barth, Tango! abrió la era sonora del cine argentino con un despliegue de música y estrellas que marcaron época. Entre pasiones de arrabal y desencuentros amorosos, Tita Merello, Alberto Gómez y Pepe Arias dan vida a un triángulo que se entrelaza con la presencia luminosa de Sandrini, Lamarque, Maizani y Simone, figuras que hicieron del tango un espectáculo cinematográfico y un emblema de Buenos Aires
Tita Merello: Reconocida como una de las primeras grandes estrellas del tango y el cine, su presencia en «¡Tango!» ayudó a consolidar la imagen de la mujer en el género, mostrando que el tango no era exclusivamente masculino.
Libertad Lamarque: Como actriz y cantante de tango, Lamarque se destacó por su poderosa voz y su carisma en la pantalla. Su participación en la película y en otras producciones la convirtió en un ícono del tango, demostrando la relevancia de las mujeres en este género musical.
Luis Sandrini: Con su humor y talento, Sandrini aportó un toque especial a la película, ayudando a popularizar el tango entre diferentes audiencias.
- Los tres berretines (1933): Estrenada poco después por la productora Lumiton, consolidó la fórmula del “cine de tango”, mostrando cómo el género podía sostener narrativas completas y convertirse en un motor de la industria.
- Consolidación del género: Entre las décadas de 1930 y 1960, el “cine de tango” se afianzó como un género distintivo, capaz de combinar música, drama y comedia, y de proyectar internacionalmente la identidad argentina.
La época dorada y la consagración
El tango no solo fue tema, sino también motor narrativo y sonoro del cine argentino en su época dorada:
- Modelo Gardeliano: Carlos Gardel filmó en EE.UU. y Europa, estableciendo el patrón de canciones integradas a la trama, modelo que luego siguió Libertad Lamarque para conquistar el mercado hispanoamericano.
- Poetas y cineastas: Escritores como Enrique Santos Discépolo y Homero Manzi aportaron letras y guiones, mientras directores como Hugo del Carril —también cantor— crearon películas inolvidables que unían poesía, música y cine.
- Cabaret y milongas: El cine representó la historia del tango en ambientes de arrabal, cabaret y vida nocturna, creando una simbiosis única entre la pantalla y el género.

Reflexión final
El tango no fue solo un tema para el cine argentino: fue su motor narrativo, sonoro y emocional, permitiendo que la cinematografía nacional emergiera con fuerza y se proyectara internacionalmente. Desde el cine mudo hasta la época dorada del sonoro, el tango dotó al cine argentino de una identidad fuerte y reconocible, convirtiéndose en un vínculo inseparable entre la música y la pantalla grande.
El tango nació en los arrabales, pero fue el cine quien lo convirtió en un idioma universal de emociones.

