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“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

Frankenstein: el monstruo no nació, lo hicieron La película Frankenstein de Guillermo del Toro se estrenó en Argentina en cines seleccionados el 23 de octubre de 2025 y en la plataforma Netflix el 7 de

Hablemos de Cine · 6 de noviembre de 2026 · 6 min de lectura

“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

Hay directores para quienes los monstruos son amenazas y otros para quienes los monstruos son espejos. Desde el comienzo de su carrera, Guillermo del Toro ha pertenecido al segundo grupo. En Frankenstein (2025), adaptación de la novela de Mary Shelley, el realizador mexicano vuelve sobre una de las historias fundacionales de la literatura fantástica para convertirla en una reflexión profundamente humana sobre el abandono, la responsabilidad y la necesidad de reconocimiento.

Más que una película de terror tradicional, Frankenstein es un drama gótico atravesado por la melancolía. Del Toro no parece interesado en el sobresalto fácil ni en la espectacularidad del horror. Su apuesta consiste en preguntarse quién es realmente el monstruo: la criatura ensamblada con restos humanos o el hombre incapaz de asumir las consecuencias de su propia ambición.

Guillermo del Toro y su fascinación por los marginados

La elección de Frankenstein como proyecto resulta coherente con toda la filmografía de Del Toro. Desde Cronos (1993), pasando por El espinazo del diablo (2001), El laberinto del fauno (2006) y La forma del agua (2017), el director ha construido un universo poblado de criaturas incomprendidas, seres excluidos y personajes que encuentran humanidad precisamente en aquello que la sociedad considera anormal.

En esta nueva adaptación, Del Toro retoma esa sensibilidad. Como en sus mejores trabajos, la monstruosidad no se define por la apariencia física sino por las relaciones de poder, la crueldad y la incapacidad para reconocer al otro como un sujeto autónomo.

Una historia conocida desde una mirada diferente

“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

La trama sigue a Víctor Frankenstein, un científico obsesionado con vencer a la muerte después de haber sufrido pérdidas familiares y una relación traumática con su padre. Gracias al apoyo económico de Heinrich Harlander, desarrolla un experimento destinado a crear vida artificial.

Cuando finalmente lo consigue, el resultado no responde a sus expectativas. Incapaz de aceptar las diferencias de su creación, Víctor abandona al ser que ha traído al mundo. A partir de ese momento, la criatura inicia un recorrido marcado por el rechazo, la soledad y la búsqueda desesperada de afecto.

La historia se desarrolla entre laboratorios, mansiones y paisajes helados que culminan en el Ártico, escenario clásico de la novela original. Sin embargo, el corazón del relato no reside en la aventura ni en los elementos de ciencia ficción, sino en el vínculo roto entre creador y criatura.

Un elenco al servicio de la tragedia

Oscar Isaac compone un Víctor Frankenstein complejo y contradictorio. Lejos de la imagen romántica del científico visionario, su interpretación enfatiza la fragilidad emocional, la arrogancia y la necesidad de control del personaje. Isaac logra que el espectador comprenda sus heridas sin justificar sus acciones.

Jacob Elordi asume quizás el desafío más difícil del film: interpretar a la criatura. Su trabajo físico resulta fundamental. La postura corporal, la manera de desplazarse y la evolución progresiva del lenguaje construyen un personaje que oscila constantemente entre la vulnerabilidad y la amenaza. Del Toro evita convertirlo en un mártir absoluto y permite que conserve zonas de oscuridad y violencia.

“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

Mia Goth, como Elizabeth Harlander, aporta una dimensión renovada al personaje tradicional de Elizabeth Lavenza. Aquí no es simplemente un interés romántico. Es una mujer curiosa, inteligente y capaz de establecer una relación basada en la empatía con la criatura. Su presencia introduce una mirada alternativa al impulso dominador de Víctor.

Por su parte, Christoph Waltz dota a Heinrich Harlander de una ambigüedad inquietante, representando los intereses económicos y políticos que hacen posible la investigación científica.

Una estética gótica al servicio de las emociones

Visualmente, Frankenstein confirma la maestría de Del Toro como creador de atmósferas. La fotografía de Dan Laustsen aprovecha contrastes entre sombras, velas, nieve y espacios industriales para construir imágenes de gran belleza plástica.

El laboratorio no funciona únicamente como escenario. Se convierte en una extensión de la mente de Víctor: un espacio de aislamiento donde la ambición científica termina transformándose en prisión moral.

La dirección artística y el diseño de la criatura destacan por evitar el exhibicionismo visual. Las cicatrices, costuras y heridas visibles recuerdan constantemente el origen artificial del personaje, pero jamás reducen su identidad a una mera curiosidad anatómica.

“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

Alexandre Desplat y la música de la pérdida

La música de Alexandre Desplat desempeña un papel decisivo en el tono de la película. En lugar de subrayar exclusivamente el terror, la banda sonora acompaña el sentimiento de pérdida que atraviesa a todos los personajes.

Sus composiciones contribuyen a construir un clima de tristeza permanente que convierte la historia en una elegía más que en una película de horror convencional. La música parece insistir en una idea central: todos los personajes están intentando recuperar algo que ya no existe.

Entre Shelley, Whale y Del Toro

La película dialoga inevitablemente con otras versiones de la historia. Mantiene vínculos con la novela de Mary Shelley, especialmente en su interés por la subjetividad de la criatura, y también establece una distancia respecto al clásico Frankenstein (1931) de James Whale.

“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

Mientras aquellas versiones se centraban con frecuencia en el horror de la creación, Del Toro desplaza el eje hacia las consecuencias éticas del acto creativo. En ese sentido, la película también puede relacionarse con obras contemporáneas sobre la inteligencia artificial, la bioética y las responsabilidades derivadas de la innovación tecnológica.

Temas y reflexiones

El gran tema de Frankenstein es la responsabilidad. La película plantea preguntas incómodas:

• ¿Qué obligaciones tiene quien crea una vida?

• ¿Puede existir conocimiento sin responsabilidad ética?

• ¿La exclusión social produce monstruos o simplemente revela los monstruos que ya existen?

“Frankenstein” Guillermo del Toro y la tragedia de crear sin amar

• ¿Hasta qué punto el sufrimiento explica la violencia?

Del Toro no ofrece respuestas simples. Su mayor virtud consiste precisamente en mantener abiertas esas preguntas.

Una tragedia contemporánea

La recepción crítica de la película se explica por esa capacidad para revitalizar una historia conocida sin traicionar sus fundamentos. Aunque conserva los elementos del terror gótico y la ciencia ficción, la obra encuentra su verdadera fuerza en el drama humano.

Frankenstein no habla solamente de cadáveres reanimados o experimentos imposibles. Habla de padres e hijos, de aceptación y rechazo, de poder y vulnerabilidad. Habla de la necesidad universal de ser visto y reconocido.

En última instancia, la película sostiene que la monstruosidad no nace en un cuerpo deformado, sino en la incapacidad de hacerse cargo del otro. Allí reside la vigencia del mito y también la potencia de la lectura de Guillermo del Toro: crear vida puede ser un acto extraordinario, pero la verdadera prueba de humanidad comienza después, cuando llega el momento de cuidarla.